from BTemplates!
contador de visitas

.Leyenda Urbana: Noche estrellada. 


Una joven pareja decide dar un paseo nocturno or el bosque cercano a su ciudad para ver las estrellas y el firmamento sin la polución de la urbe. En el momento de regresar a casa, el muchacho se da cuenta que el coche no arranca. Tras un rato intentándolo, él le propone a ella esperarle en el coche mientras va a pedir ayuda. Ella, aunque algo asustada, acepta.

Nada más partir él, cierra bien todos los seguros. El tiempo pasa y su novio aún no ha regresado...Siguen pasando los minutos y el miedo en ella cada vez es mayor. De repente, ella empieza a escuchar un ruido en el exterior, más concretamente en el techo del coche. Parecía como si una rama de árbol rozará con el coche por el aire que soplaba fuera. Aunque era extraño, porque no estaban próximos a ningún árbol. Aunque asustada, al final termina durmiéndose.

Al amanecer, la muchacha es despertada por la policía. Extrañada, ella abre la ventanilla y le piden que salga del coche, pero que no mira detrás de ella. Evidentemente, se volvió y vio a su novio muerto, colgando de la rama de un árbol mientras sus pies rozaban el techo del coche. 


.Leyenda urbana: El agua de la vida.


Una pareja acaba de mudarse a un pequeño y bonito castillo que habían comprado recientemente. Curiosos, decidieron dar una vuelta e investigar todos los recovecos y escondrijos de su nueva morada.

En una bodega, descubrieron varios barriles de vino y otros licores. Probaron varios de ellos. Muchos estaban deliciosos. Se notaba que debían llevar allí muchos años, lo que había hecho de ellos licores aún mejores. Siempre servían alguno de estos licores a sus amigos, cuando venían a visitarles.

 Llegó el día en que un barril estuvo vacío. Pero curiosamente seguía siendo muy pesado. Decidieron abrirlo con el fin de ver lo que quedaba en el interior. Aterrorizados Ellos descubrieron que en el interior del barril había el cadáver de un hombre acurrucado.

.El color rojo. 



Érase una vez una maestra que era muy bonita. Pero por mas bonita que fuera, tenía un corazón podrido. Inmersa en sus propios objetivos y amargura, descargaba con sus estudiantes la frustración de llevar una vida que no le gustaba y le ensombrecía el ánimo con cada día que pasaba.

En su clase, había un chico que se enamoró perdidamente de ella. La maestra sabía de esto y rompió su corazón, decidiendo no terminar con eso también pensó que sería buena idea humillarlo para su propia diversión. El pobre muchacho no aguanto más y se suicidó. A la maestra no le importo lo que sucedió y con una pluma roja tachó el nombre del estudiante.

Un día que la maestra se tuvo que quedar trabajando hasta tarde. Al salir de la pequeña habitación que constituía la sala de profesores, se encontró con que había un estudiante en el pasillo que le daba la espalda. Le pareció extraño que un estudiante estuviera allí a esa hora, así que lo llamó.

Cuando la maestra lo vio, sufrió se desmayó del horror al comprobar que una equis roja cruzaba el rostro pálido y demacrado del niños, era un tachón similar al que ella misma había hecho sobre el nombre del pequeño estudiante.



.Las fotografías.


Hace unos meses una amiga mía, que es una fotógrafa por naturaleza y con mucho futuro, decidió pasar un día y la noche sola en los bosques fuera de nuestra ciudad. Ella quiso conseguir las fotos de los bosques y la fauna tan naturalmente como ella podría para su portfolio.

No tuvo miedo de estar sola, porque ya había acampado por su cuenta muchas veces antes. Estableció una tienda en medio de un pequeño claro y pasó el día tomando fotos. Se llenó cuatro rollos de la película por aquel viaje, pero algo era extraño sobre ellos.

Lo que vio en aquellas fotografías se ha quedado con ella desde entonces, y todavía trata de reponerse del trauma le han causado. Casi todas las imágenes fueron normales, salvo una imagen en cada rollo de la película. Estas fotos eran de ella, dormida en su tienda en medio de la noche.

.Pasos en el pasillo.


Estaba durmiendo en la noche en una ruinosa pensión, era lo mas barato y no tenia tiempo para buscar otro lugar en donde cobijarme durante la noche. A medianoche sentí que algo no me dejaba dormir, abrí los ojos y vi que a mi lado había una anciana echada sobre la cama, mirándome fijamente.

- No te asustes - susurró la anciana -. Lo que anda en el pasillo sí te tendría que asustar.

Rodé en la cama y me puse de pie en el lado opuesto al que estaba la anciana. Encendí la luz, la anciana aun permanecía allí, mirándome fijamente a los ojos, y con la mano me señaló el pasillo.

- No hagas ruido, ahí viene por el pasillo - susurró nuevamente.

Presté atención y escuché unos pasos. Los pasos se detuvieron frente a la puerta de mi habitación. La anciana me indicó que guardara silencio con un gesto. Los pasos volvieron a sonar, está vez alejándose por el pasillo. Yo no entendía nada.

¿Qué estaba pasando?

Fui hacia la puerta, entonces ella intento detenerme, pero quería saber que ocurría. En el pasillo aún había algo, aun se escuchaban los pasos. Abrí la puerta y me asomé, para mi sorpresa no vi a nadie, aunque se seguían escuchando los pasos. Cerré la puerta y giré hacia la anciana, ésta sonreía.

- Yo soy la encargada de la limpieza, y sé que es un fantasma que ronda por la pensión. Lo desperté para avisarle, no es bueno que el fantasma lo encuentre dormido, podría darle un susto de muerte - me dijo.

- El susto me lo dio usted. Pero está bien, gracias por avisar, nunca más vendré a este lugar.

Salió sin decir más y me quede solo. No volví a escuchar los pasos. En cuanto amaneció fui hasta la recepción, allí estaba el dueño.

- Bonito lugar tiene usted - comencé a decirle con tono sarcástico -. Claro, esta el pequeño detalle, casi insignificante, ¡de que aquí hay fantasmas! - el dueño me miró algo perplejo, después se pasó la mano por la barbilla como pensando.

- Discúlpeme, tenía mis sospechas, pero como no duermo aquí, no estaba seguro. La limpiadora siempre me lo decía, decía que había fantasmas ¡Y yo no le creí! Ahora ya es tarde para disculparme con ella; murió hace tiempo.

.El Alarido de los muertos.


Todo empezó aquella vez que de regreso a la zona rural donde nací, por motivo de ver un terreno que pertenece a mi familia y que desde que nos trasladamos a la ciudad lo hemos tenido prácticamente abandonado, en aquella ocasión mis padres no pudieron viajar y me tocó a mi esa responsabilidad. Emprendí el viaje después del trabajo, por lo que la noche me encuentro en la carretera.

El viaje duraba un poco mas de cuatro horas, por lo que pase en una estación de gas, a comprar un poco de bebida y algo de comer.

Durante el camino una de las llantas del auto se poncho por lo que me tuve que apearme a la orilla del camino, el cual ya fuera de la cabina del vehículo se veía verdaderamente solitario y lúgubre por la oscuridad de la zona, solo a lo lejos se veían las pequeñas luces de alguna que otra casa.

En ningún momento pasó por mi mente la experiencia que a continuación describiré: me encontraba sacando las herramientas para ser el cambio de la llanta cuando por alguna razón la radio empezó a fallar, a entrecortarse la estación que en aquellos momentos oía, y pensé solo eso falta que la batería también falló... Sin prestarle mayor caso a ello proseguí con lo que hacia, cuando en medio de una de esas interrupciones se oyó algo diferente, como una especie de susurros, fue tan breve pero audible... aunque no le tome mucha importancia. Y se lo atribuí parte del cansancio y del nerviosismo por estar en medio de una carretera no muy transitada, proseguí colocando la llanta, cuando nuevamente se oyó ese susurro ahora un poco claro, y al mismo tiempo un viento helado paso por el lugar..

Ya eso fue suficiente para ponerme mas nervioso y preocupado, pues por alguna razón aquella tarea que estaba acostumbrado a realizar en menos de 15 minutos, ya llevaba un poco mas de media hora, parecía como todo iba en cámara lenta..

Al fin logre colocar la llanta y caminé a aguardar las herramientas cuando las luces del auto se apagaron y solo el tablero del radio seguía prendido pero sin audio al acercarme a la puerta del conductor y apunto de subirme, a través del radio claramente escuche una mezcla de alaridos, se oía horripilante, lo que me erizo la piel y porque no decirlo me hizo doblar las rodilla, casi me congelo, a no ser porque las luces del auto empezaron a parpadear frenéticamente, lo que hizo que me echara a correr.

Sin saber a donde dirigirme eche a correr como loco carretera abajo, en mis oídos no dejaba de rebotar ese espantoso alarido, cuando las piernas ya no me dieron me pare a descansar, sin percatarme casi había corrido como un kilómetro, logre divisar una pequeña vivienda al costado de la carretera y me dirigí hacia allí, toque la puerta y un señor de mediana edad abrió la puerta. Imagino la cara que me vio, muy pálido y sudoroso que me invitó ha sentarme en un viejo sillón y me ofreció un poco de agua, luego de ver que me calme un poco me pregunto que me pasaba, si me había querido asaltar o algo por el estilo.

Yo no estaba seguro de decirle lo que me había sucedido, pues lo mas seguro es que pensara que esta loco, drogado o por lo menos ebrio, eso es lo que hubiera pensado yo si alguien me hubiera contado lo mismo. Sin embargo también sentía la necesidad de contarle lo sucedido, tomando un poco de aire, le narre lo que me había pasado, el me escucho atentamente sin pronunciar ni una sola palabra, cuando termine él se dirigió a una cómoda que tenia en la habitación y saco un periódico algo viejo y me lo alcanzó.

Cuando lo tuve en mis manos leí el siguiente encabezado " Victimas fatales en el choque de bus", aun no comprendía lo que aquello significaba, hasta que el señor me dijo: "Ahí donde usted se quedo con su auto, ahí mismito quedo el bus con la gente muerta, y agrego lo siguiente, usted no es el primero que lo asusta el grito de los muertos".